Marzo es un mes caro para los sentimientos de los trabajadores de prensa del país. Los vínculos en Santa Fe del día del trabajador de prensa, el último golpe militar y Rodolfo Walsh.

Estatuto

En 1944, el entonces Secretario de Trabajo y Previsión Juan Domingo Perón firmaba el decreto que por primera vez daba derechos a los periodistas. Era el Estatuto del Periodista Profesional, convertido en ley dos años después.

El 25 de marzo se conmemora desde entonces el Día del Trabajador de Prensa y fue considerado día no laborable hasta que el golpe de Estado de 1955 reinstaurara el 7 de junio como día del periodista.

La aplicación del Estatuto produjo resistencias en el empresariado nacional y local: los propietarios de diarios y revistas más poderosos se negaban a admitir que el suyo era un negocio como tantos y que quienes con su trabajo contribuían a su riqueza personal merecían salario, vacaciones, aguinaldo, jubilación, ascensos, etc. Aquellos patrones se escudaban en el antiguo rol que se habían otorgado: guías de la sociedad a través de un servicio público.

Nada decían de las exenciones impositivas que les otorgaban los distintos gobiernos, el papel subsidiado, la publicidad oficial, entre otros muchos privilegios que hacían grandes a los medios y más grandes sus bolsillos. Y mucho menos de la escasa contrapartida para los verdaderos hacedores de aquellos medios de comunicación.

Al justificar el dictado del Estatuto, Perón dijo a los dirigentes de prensa de entonces: “El panorama social que ofrecía la prensa mostraba el contraste tremendo entre unas empresas demasiado ricas con periodistas demasiado pobres. […] Teníamos no sólo el deber, sino también el derecho de exigir para ellos una retribución decorosa, ya que años tras año salen del erario público con destino a las cajas de las empresas periodísticas millones de pesos en concepto de publicidad oficial y se otorgan franquicias o se cancelan derechos aduaneros en un verdadero subsidio estatal, que no podía ser un exclusivo beneficio patronal, sino de todos los que contribuyen con su esfuerzo fecundo al engrandecimiento de nuestra prensa”.

En Santa Fe, la aplicación del Estatuto del Periodista fue casi inmediata. El 14 de julio se reunió la primera paritaria del sector, de la que participaron dirigentes de la Asociación de Periodistas de Santa Fe y de la Federación Argentina de Periodistas y representantes de los diarios La Mañana, El Orden, El Tribuno y El Litoral.

Golpe
El 24 de marzo de 1976 encuentra a los medios de Santa Fe con el cierre de Nuevo Diario. El matutino, uno de los productos de la huelga que en 1968 habían llevado a cabo periodistas y gráficos de El Litoral, atravesó conflictos de diversa índole en sus pocos años de existencia. El más grave de ellos fue el asesinato de su trabajadora Marta Zamaro en 1974.

El crimen de la versión local de la Triple A no hizo más que confirmar las amenazas que ya circulaban contra un sector de periodistas de Nuevo Diario. El horror tras la muerte de Zamaro provocó el desbande de aquella redacción, algunos de cuyos trabajadores optaron por el exilio interno o externo o por el abandono de la profesión.

En este clima, las dificultades económicas de un lado y el terror de otro, provocaron un virtual abandono del diario por parte de sus propietarios. En un intento desesperado por su supervivencia, los trabajadores, a través de su gremio, firmaron un acuerdo de co-gestión empresaria que permitió la persistencia del periódico por apenas cinco meses más.

Cuando las Fuerzas Armadas asaltaron el poder, llegó a la redacción un dirigente de Fatpren. “Se sentó, convocó al personal y nos dijo que nos dejáramos de joder”, recordó Roberto Maurer. “Era una guerra dentro del diario, el viejo [Bobbio] quería cerrarlo, porque a su vez tenía miedo de que lo maten; cuando se produce el golpe, al otro día vamos nosotros y estaba cerrado”, comentó Atilio Pravisani.

En nuestro país, el golpe cívico-militar dejó más de 100 trabajadores de prensa asesinados o desaparecidos. Los medios de comunicación, en su mayoría no publicaron una sola línea sobre ello. Tampoco hicieron una autocrítica, aún después de 36 años y transcurridos más de 28 años de democracia.

Walsh
Rodolfo Walsh es el modelo de los hombres comprometidos con su tiempo: con sus cavilaciones, con sus certezas; con su humanidad, en definitiva. Como intelectual, escritor y periodista, jamás se escudó en una supuesta “objetividad”. La neutralidad frente a la realidad era imposible.

La primera muestra de ello fue “Operación Masacre” (“cambió mi vida. Haciéndola, comprendí que, además de mis perplejidades íntimas, existía un amenazante mundo exterior”), el impresionante trabajo que inaugura el relato de no ficción: “hay un fusilado que vive” fue la punta del ovillo de una historia que desnudó el modus operandi de un Estado represor. El periplo de Walsh por encontrar quien publicara esas notas es también un ejemplo de las complicidades de los grandes medios de comunicación frente al terror estatal.


En el Semanario de la CGT de los Argentinos, dirigido por Walsh, puede rescatarse también un momento de lucha de los trabajadores de prensa de Santa Fe. Bajo el título “Periodistas y gráficos de Santa Fe marcan el camino” se publicó en el número 12, del 18 de julio de 1968, un artículo reseñando los alcances de la huelga en el diario El Litoral. “Los compañeros en huelga decidieron responder a la patronal donde más le duele: en el bolsillo; para ello, están sacando un diario desde el día 7 de julio que se llama Prensa Gráfica y tiene un gran éxito en toda la ciudad. Los 23.000 ejemplares de las primeras ediciones se agotaron totalmente y el diario ya publica avisos y funciona normalmente como cualquier publicación. Esta conquista es un orgullo para los trabajadores de Santa Fe y para toda la clase obrera argentina porque demuestra que para hacer andar las empresas lo único indispensable es el aporte de los trabajadores”.


 

Cintia Mignone