Columnistas y editores de La Nación, Página/12 y Perfil coincidieron -sin saberlo- en plantear cambios en el periodismo crítico con la Casa Rosada, sin que ello implique dejar de cumplir con la tarea fundacional de control. Pero advierten, del mismo modo, que se debe evitar convertir al medio periodístico en un partido político, en un “opositor”. El gobierno de turno enfrentado con el principal multimedios del país recibió el apoyo del 50% de los argentinos. ¿Qué pasó?. ¿Los medios influyen o no en el comportamiento de la opinión pública? Fuente: Diario sobre diarios

Después del holgado triunfo de Cristina Fernández en las pasadas elecciones primarias –aún cuando persiste el enfrentamiento entre su Gobierno y el Grupo Clarín– cuatro matutinos porteños publicaron 16 artículos o columnas de opinión que pusieron la lupa en la relación entre los medios de comunicación y la opinión pública antes y después de un acto electoral.


De esos 16 artículos, siete de ellos fueron publicados por La Nación, Página/12 y Perfil y expresaron, en breves tramos, referencias a la necesidad de cambiar algunos aspectos periodísticos a la hora de editar o escribir fundamentalmente desde empresas cuyas líneas editoriales son críticas con la Casa Rosada. Hay quien considera incluso que las mismas observaciones son válidas para las empresas que acompañan editorialmente al gobierno de turno, como es el caso de Página/12.

En conjunto consideraron que de los medios en esta nueva etapa post primaria, se espera “un reajuste en la imagen que se forma de la política” (Carlos Pagni, La Nación); y que “deben tender a la ecuanimidad y a la vez mantener un rol crítico y la sana costumbre de molestar, no deberían jamás pretender que la sociedad vote en consecuencia de sus pesquisas y opiniones” (Jorge Fernández Díaz, La Nación).

Hubo referencias a cómo se editan las noticias cuyo sujeto es la administración nacional cuestionando “algunas maneras aviesas de titular o de demorar o esconder determinadas informaciones favorables al Gobierno” (Pablo Sirven, La Nación). También hubo referencias a las oportunidades en que el periodismo se comporta como partido político o desde la política, al señalar que aunque “tenemos una función de asedio al poder” a veces hay “quienes usan el periodismo para la política” (Jorge Fontevecchia, Perfil).

Sin embargo, no se ponen en tela de juicio “Las críticas a medidas de gobierno ni de las denuncias de corrupción que, aunque sean exageradas o falsas, forman parte del juego democrático”, sino los “denuestos personalísimos, las intromisiones en la intimidad” o las “groserías indignas del periodismo argentino, aún del peor” (Mario Wainfeld, Página/12). Del mismo modo “Se puede estar de acuerdo o no. Se puede criticar o apoyar. Lo que no se puede hacer es deformar la realidad y presentar otra que no existe” (Luis Bruschtein, Página/12).

Finalmente Horacio Verbitsky se inclinó por una reflexión más global al asegurar que “el problema no son los medios, sino su articulación con el poder económico y político”.

Algunos de esos columnistas y editores, cuestionaron al Gobierno por la mirada que, según dicen, tiene de los medios y el periodismo. Debate reactualizado en el presente tras la conferencia de prensa del ministro del Interior, Florencio Randazzo, quien al informar sobre el escrutinio final criticó a Clarín y La Nación por el despliegue que hizo de las denuncias sobre supuestas irregularidades del acto comicial que -a su entender- resultaron todas falsas.

En Clarín, protagonista principal de la pelea con la Casa Rosada, no hubo artículos o columnas de opinión que expresara algún nivel de reflexión sobre el equilibrio de los medios y la delgada línea que puede separar la sana crítica de la perniciosa oposición. Históricamente en 28 años de democracia, a la empresa Clarín le ha costado siempre expresarse en términos autocríticos. Ahora en pleno combate con la Casa Rosada pedirle ese tipo de gestos, lo consideran una ingenuidad.

Sólo Julio Blanck, en forma elíptica se refirió a la “respuesta simétrica y poco inteligente” a los “ataques del Gobierno”. Como afirmó que esa réplica la hicieron los “oponentes” al kirchnerismo, no terminó de quedar claro si incluyó a los medios en esa categoría.

El Cronista Comercial no publicó columnas de opinión sobre las primarias y la influencia de los medios. Y pese a que escriben en la sección Opinión varios periodistas invitados, tampoco ellos hicieron referencias críticas a la labor del periodismo. Ámbito tampoco publicó al respecto. Finalmente también hubo artículos periodísticos en Página/12, cuyos autores más que dedicarse a reflexionar sobre la actividad profesional, se esforzaron por criticar “a la gran prensa opositora”.

La influencia

Los editores y columnistas de los diarios abordaron en simultáneo la influencia de los medios en la opinión pública. También en este tema consideraron que los diarios en los que trabajan no alcanzan a determinar el voto de los ciudadanos. Aunque cada uno fundamenta esta certeza con distintas explicaciones.

Desde ya, y como es casi habitual en el periodismo argentino, escasearon las referencias empíricas o las citas a estudios que pudieran sustentar esas afirmaciones.

Tal vez quien mejor describió esta situación fue el especialista Silvio Waisbord en La Nación: “Sin datos y simples especulaciones, discutir si los medios influyen las decisiones electorales es un intercambio de hipotéticos, deseos y explicaciones post-facto”.

Diario sobre Diarios (DsD), presenta aquí el relevamiento de todas las opiniones publicadas desde el 15 al 31 de agosto en Clarín, La Nación, Pagina/12 y Perfil. Se trata de artículos firmados por: Martín Granovsky, Mario Wainfeld, Washington Uranga, Luis Bruschtein, Eduardo Aliverti, Julio Blanck, Pablo Sirvén, Carlos Pagni, Ricardo Kirschbaum, Eduardo van der Kooy, Jorge Fernández Díaz, Jorge Fontevecchia y Horacio Verbitsky.

Granovsky, Wainfeld, Uranga, Bruschtein y Aliverti

Al día siguiente de los comicios, el lunes 15, Página/12 publicó cinco notas que analizaron (con mayor o menor extensión) la influencia de los medios.

En la crónica central referida a las PASO, Martín Granovsky afirmó: “Otra vez quedó probado que los grandes medios de comunicación influyen igual o más que un partido político o un grupo económico tradicional, pero no determinan un resultado”.

El analista político Mario Wainfeld, a su turno, evitó entrar en el análisis de la influencia pero no se privó de volcar apreciaciones. Criticó las “malas artes” de los medios: “Hablamos de los denuestos personalísimos (a la Presidenta), de las intromisiones en la intimidad, de las fábulas sobre su salud, de groserías indignas del periodismo argentino, aún del peor”.

Luis Bruschtein, subdirector del matutino, aseguró que ““Este gobierno en realidad ya tiene ocho años de gestión. Y recibió el apoyo de la mitad de los argentinos. Es un respaldo formidable para cualquier gobierno del signo que fuera. En ese marco, los grandes medios se convirtieron en una cortina que impedía ver lo que sucedía. Hacían creer en un clima irrespirable de enojo y ahora se demostró que todo era una mentira”.

Para Bruschtein “lo que no tiene lógica es que los medios que acusan de periodistas militantes a los que no copian su agenda ofrezcan una realidad tan interesada, tan deformada, que prácticamente no tiene puntos de contacto con la realidad que presentaron ayer las urnas. Es más fácil entender lo que pasó ayer a través de ese supuesto periodismo militante que siguiendo la información de los grandes medios. La discusión, entonces, es cuál de los dos es más o menos militante”.

En tanto, Washington Uranga, el mismo día en el mismo diario expresó que “si algo ha quedado claro es que los medios de comunicación y sus analistas no deciden el voto de los ciudadanos”.

Cerró la serie otro columnista, Eduardo Aliverti, para quien “las corporaciones mediáticas” son “las que impulsan cada día, cada momento, cada boletín informativo, la imagen de un país atravesado por dramas y nada más. Es ésa, la prensa opositora, la gran derrotada de ayer”.

Se suman Blanck, Sirvén, Pagni y Kirschbaum

Dos días después de los comicios, el editor jefe de Clarín, Julio Blanck, expresó su mirada. Afirmó el martes 16 que “el ataque, aún la difamación, sobre políticos, intelectuales, medios y periodistas que no comulgan con su credo, funcionó para el cristinismo como galvanizador de la tropa propia y, por lo visto, no influyó negativamente sobre ese 50% que el domingo votó a la Presidenta. Como tampoco le quitó apoyo la respuesta simétrica, tan poco inteligente y constructiva, que recibió muchas veces de parte de sus oponentes”.

Para algunos observadores mediáticos, la última frase del párrafo de Blanck bordeó la autocrítica en eso de la “respuesta simétrica poco inteligente y constructiva” a los “ataques” del Gobierno.

Ese mismo día, el columnista de La Nación, Carlos Pagni, incluyó un breve párrafo sobre los medios de comunicación en su extenso análisis político. Esas líneas tuvieron observaciones tanto para la prensa como para el oficialismo: “En las primarias de ayer, el kirchnerismo se exhibió como la fuerza más capacitada para atraer el voto del universo urbano. Además, consiguió el resultado en el marco de un conflicto explícito con los medios de comunicación independientes, que ejercen sobre ese electorado su mayor influencia. Para el Gobierno, este aspecto de su triunfo debería interpelar al periodismo crítico, inspirando un reajuste en la imagen que se forma de la política. Con los mismos datos, podría ser el Gobierno el que revisara sus prejuicios: el domingo quedó demostrado que, contra lo que supone el consenso oficial, la prensa no maneja a la sociedad”.

También ese martes el periodista Pablo Sirvén, especializado en medios y espectáculos, firmó una nota. Se tituló “La falsa idea sobre la prensa” y fue la más extensa de todas, puesto que se dedicó exclusivamente a la temática en cuestión.

“Por arte de magia, los ‘medios hegemónicos’ que habían sido, según los más altos funcionarios y referentes de la cultura K, artífices del categórico triunfo de Mauricio Macri porque, supuestamente, lo habían ‘blindado’, ahora resultaron completamente inocuos para impedir, pese a sus reiteradas advertencias agoreras y la publicación de graves denuncias contra referentes K, que Cristina Kirchner se alzara con tan rotunda victoria”, señaló.

Añadió que la pelea del kirchnerismo con los medios “es un eje que rinde y no se abandonará porque, además, no hay más que escucharla, representa una inquietud permanente de la plebiscitada primera mandataria”. Y a renglón seguido equilibró: “Ciertas obsesiones apocalípticas de notables columnistas, algunas maneras aviesas de titular o de demorar o esconder determinadas informaciones favorables al Gobierno, la tensión constante por intereses contrapuestos y las serias causas judiciales pendientes no permiten vislumbrar paz por ese lado”.

Un día después, con un estilo menos elaborado y en su habitual tono imperativo, el editor general de Clarín, Ricardo Kirschbaum afirmó: “la demostración más palmaria de la falsedad del eslogan sobre la ‘prensa hegemónica’ que agita el oficialismo como arma política lo dio el resultado del domingo: la gente vota lo que quiere”.

Van der Kooy, Fernández Díaz, Fontevecchia y Verbitsky

El miércoles 17, el analista político de Clarín, Eduardo van der Kooy se sumó al debate. Señaló que “ni Amado Boudou ni Gabriel Mariotto resultaron ayer ni creativos ni originales. Los dos, casi a coro, se ocuparon de parafrasear a Carlos Menem cuando, en mayo de 1995, obtuvo su reelección. En esa época el ex presidente resaltó que su victoria había sido contra los medios, no contra la oposición. El ministro de Economía y compañero de fórmula de Cristina y el nuevo ladero de Daniel Scioli repitieron una frase casi calcada”.

Y añadió: “La obsesión kirchnerista con el periodismo no constituye ninguna novedad. En todo caso, se podría concluir que de la elección interna del domingo ni Boudou ni Mariotto aprendieron uno de sus tantos mensajes: que la sociedad posee una elevada autonomía de opinión –en la que ellos parecen creer muy poco– respecto de los medios de comunicación. Una leída a alguna obra de Furio Colombo no les vendría nada mal. El escritor, político y periodista italiano afirmó en ‘Ultimas noticias sobre el periodismo’, que el verdadero periodismo ‘debe ser tan independiente del poder político como de los humores de la sociedad’”.

El sábado 20, quien se ocupó en extenso de la cuestión fue el CEO de Perfil, Jorge Fontevecchia que tituló su contratapa “Periodismo y triunfo K”. Afirmó que “sectores kirchneristas interpretaron que el domingo pasado triunfaron sobre los medios. No entienden al periodismo y no comprenden su dinámica, su lógica, ni su técnica. No todos, claro; algunos aprovechan el desconocimiento de sus simpatizantes para convencerlos de llevar adelante una lucha contra un gran enemigo cuando, en realidad, ese enemigo no tiene ninguna posibilidad de triunfo –como acaba de quedar demostrado- ni, salvo excepciones, voluntad de hacerlo”.

Concluyó que “el público les asigna al periodismo su papel y a los políticos el suyo. Por eso los medios críticos no sirven para que la oposición gane elecciones ni los medios oficiales sirven para conseguir grandes audiencias. Periodistas y políticos somos diferentes”.

El domingo 21, aportó lo suyo el secretario de redacción de La Nación Jorge Fernández Díaz. Aseguró que “una victoria electoral tan arrasadora y sorprendente provoca siempre la sensación de que los críticos estaban equivocados. Los periodistas, que deben ser críticos siempre y que al revés de los políticos son votados a diario con el rating y la venta de ejemplares, veneran sin embargo el veredicto de las urnas. Y así como pueden caer en la tentación de transformarse en oráculos y agoreros también pueden sucumbir a la equivocación de seguir los humores sociales”.

Añadió que “del mismo modo que los periodistas deben tender a la ecuanimidad y a la vez mantener un rol crítico y la sana costumbre de molestar, no deberían jamás pretender que la sociedad vote en consecuencia de sus pesquisas y opiniones. La sociedad vota como le da la gana. Y cuando vota no suele hacerlo por las malas razones que el periodismo denuncia, sino por las buenas performances de la política real: el éxito de la economía, el sistema de gobernabilidad, la calidad del liderazgo”.

Ese mismo día, Horacio Verbitsky, desde Página/12, brindó su opinión. Señaló que “el resultado demuestra que los medios no influyen en el resultado, dijeron aquellos medios que más hicieron para influir en el resultado”. Y añadió: “El problema no son los medios, sino su articulación con el poder económico y político: la asociación de Clarín y La Nación en Expoagro, donde cada año cierran negocios por 300 millones de dólares las principales empresas de los agronegocios; la comida de la cúpula de la oposición en la casa del CEO del Grupo Clarín, quien los instó a unirse para resistir al Huracán Cristina; la negociación de Héctor Magnetto con Kirchner para quedarse con Telecom, cualquiera sea la versión que se crea sobre los motivos de su fracaso; la manipulación de jueces que dinamitan a cautelares toda regulación pública de los intereses del grupo”.

Para Verbitsky, “reducir esa densa trama de negocios y la correspondiente relación con el poder institucional a un análisis de la influencia de los medios sobre el voto sólo puede considerarse una ingenuidad si lo hace alguien menor de 22 años”. Por lo que consideró que “gracias al insistente chirrido mediático, que magnifica ad nauseam pequeños episodios e invisibiliza enormes procesos económicos, políticos y sociales, mucha gente se sorprendió por una obviedad: que el pueblo haya votado en defensa propia”.

Dos estudios sobre la influencia

En paralelo a las opiniones, también hubo algunos estudios que intentaron avanzar en el análisis del voto y la influencia mediática.

Uno de ellos lo publicó el sitio “La Política On Line”, en base a un estudio de la consultora Ejes y el Grupo Identidad.

El otro trabajo lo publicó El Cronista. Se trató de una encuesta de Ipsos-Mora y Araujo.

Una reflexión final

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama en su libro “La audacia de la esperanza” afirmó:

“Precisamente porque he visto cómo la prensa me ha alzado a unas cimas a las que puede que me cueste llegar, soy consciente de lo rápido que puede funcionar el proceso inverso. Los números no engañan. En las treinta y nueve reuniones comunitarias que celebré durante mi primer año en el cargo, la asistencia media fue de entre cuatrocientas y quinientas personas, lo que significa que quizá estuve con entre quince y veinte mil personas. Si mantuviera ese ritmo durante el resto de mi mandato, para cuando volviera a llegar el día de las elecciones habría tenido contacto directo y personal con entre noventa y cinco y cien mil de mis electores. En cambio, un pequeño reportaje de tres minutos en las noticias de la emisora más pequeña del mercado mediático de Chicago puede llegarles a doscientas mil personas. En otras palabras, yo –como todo político federal- dependo casi exclusivamente de los medios para llegar a mis electores. Es el filtro a través del cual se interpretan mis votos, se analizan mis declaraciones y se examinan mis creencias. Al menos para el gran público, yo soy quien los medios dicen que soy. Digo lo que dicen que digo. Me convierto en quien dicen que me he convertido. La influencia de los medios en la política de hoy cobra muchas formas. Lo que actualmente llama más la atención es la aparición de una prensa desvergonzadamente partidista: tertulias de radio, Fox News, columnistas de periódicos, el circuito de tertulias del cable y, más recientemente, los bloggers, todos ellos intercambiando insultos, acusaciones, rumores e insinuaciones veinticuatro horas al día, siete días a la semana”.